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El área de Monte d’Accoddi se configura como una aldea-santuario, ya que desde antes de la edificación del monumento principal, y después junto a él, se desarrolló un poblado probablemente relacionado con la función sagrada de toda la zona.
En la aldea se practicaba la agricultura y también actividades de pesca y recolección de moluscos, gracias a la cercanía del mar y de las lagunas. En el poblado también se han documentado actividades de tejido, gracias al hallazgo de numerosísimas pesas de telar, quizá relacionadas con alguna actividad ritual.
La intensa ocupación de toda el área está testimoniada por numerosas necrópolis de domus de janas, mientras que no se conocen otras aldeas cercanas.
La aldea relativa al segundo templo, datada en la Edad del Cobre (Cultura de Abealzu, 2700-2400 a.C.), tenía cabañas con muros rectilíneos formados por un zócalo de pequeñas piedras sobre el cual se apoyaban adobes o cañas y ramas, con techos a dos aguas. Entre las estructuras, la más interesante es la llamada “Cabaña del hechicero”, que debe su nombre a algunos hallazgos como un ídolo femenino de arcilla, una pesa de telar decorada y una concha llena de ocre rojo.
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Ante ti se extiende el área de la aldea eneolítica, desarrollada al este del altar cuando, entre finales del IV y principios del III milenio a.C., surgió aquí una auténtica “aldea-santuario”. Las cabañas, reconocibles por las trazas en el terreno, estaban constituidas por muros bajos de piedra sobre los que se levantaban paredes de adobe o cañas y ramas enlucidas, cubiertas por techos ligeros de postes y ramaje a una o dos aguas. Los objetos hallados —cerámicas, molinos de piedra, restos animales— narran la vida cotidiana de las comunidades que habitaban junto al lugar sagrado.
A poca distancia se encuentra la llamada “cabaña del hechicero”, una estructura de planta trapezoidal articulada en varias estancias. Aquí se han encontrado grandes recipientes para víveres, un hogar con molinos y manos de mortero para la preparación de alimentos, numerosas pesas de telar —entre ellas una decorada con pequeños discos colgantes—, además de una estatuilla femenina de terracota y una concha llena de ocre rojo. Estos hallazgos muestran un lugar donde se entrelazan actividades domésticas y prácticas rituales, estrechamente ligadas al funcionamiento del santuario.





